jueves, 25 de abril de 2013

Ser extranjero

Cuando eres extranjero en otro país tienes dos opciones, te adaptas e imitas las costumbres y maneras de las personas de ese país o continuas viviendo como si aún estuvieras en tu país de origen. El apóstol Pedro nos dice que debemos actuar como extranjeros y peregrinos, como quien tiene otras costumbres:

1 Pedro 2:11-12 

Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.

Todo cristiano que habita en el mundo no debe imitar las costumbres del mundo, pues no somos del mundo (Juan 17:14-17). Somos meros moradores, no pertenecemos al mundo, porque nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20). Su palabra dice:

Santiago 4:4 

¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
Hermanos habitemos en este mundo como si ya estuviéramos morando en el cielo con Dios, como gozando de la ciudadanía de la que habla Pablo en Filipenses. Vivamos conforme a los designios de su palabra, para obedecerlos como hijos de Dios. 

2 Timoteo 3:16-17 

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

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