Vivir demanda sabiduría
Necesitamos
sabiduría para vivir. Por ejemplo, la Biblia aconseja a los maridos que amemos
a nuestra esposa sabiamente. No dice que tratemos de entenderla, sino que la
amemos. Ese es un consejo sabio porque muchas veces ni ellas se entienden, por
lo que debemos concentrarnos en amarlas.
Hay que
adquirir sabiduría para relacionarnos, para administrar, para gobernar y para
tomar decisiones conforme a la moral. Todos tenemos la capacidad para ser
sabios, así que no llames tonto a nadie, porque Dios, en Su infinita sabiduría,
ha creado solamente personas inteligentes, capaces de aprender. Mateo 5:22
La
sabiduría es indispensable para la vida. Por fe es posible alcanzar grandes
objetivos que podrían estropearse por falta de sabiduría. He visto muchos
milagros de sanidad que luego se pierden porque no hubo sabiduría para cuidar
la salud que se recibió. También he visto empresas que han crecido por fe, pero
que luego se pierden por falta de sabia administración.
Aprendamos a ser sabios para retener nuestras promesas cumplidas.
Algunos conceptos importantes:
El principio de la sabiduría es el respeto y el temor de Dios, además, debemos comprender que el punto de partida para ser sabios es reconocer que nos hace falta el entendimiento que debemos pedir al Señor, quien es sabio y puede enseñarnos. Lo contrario a la sabiduría es la necedad, insensatez y estupidez.
También es
importante descubrir que debemos pedir la sabiduría específica para el momento
que vivimos. No debes pedir: “Señor ayúdame a ser sabio”, eso es muy general y
ambiguo, pídele sabiduría para restaurar tu matrimonio, para comprender a tus hijos
o sacar adelante tu empresa, ya que la sabiduría no es algo abstracto, sino un
don que debe aplicarse en situaciones concretas. Salomón, por ejemplo, pidió
sabiduría para gobernar, no para “ser sabio en todo”.
Otro
aspecto relevante es aprender a buscarla y encontrarla porque está en todo
lugar. Incluso los necios, según la Palabra, ¡pueden mostrar sabiduría cuando
callan! Así que debemos buscarla e imitar la conducta de quien la tiene.
Especialmente debemos aprender de Jesús, en quien se revelaron todos los
tesoros de la sabiduría.
La sabiduría impone orden y como
consecuencia, trae paz. Por eso es tan importante adquirirla. Sólo los necios
buscan contienda. Deja la necedad y busca la convivencia pacífica con
sabiduría. Toda situación de la vida demanda sabiduría, tanto luchar por lograr
una posición o promoción, como mantenerse en ese puesto privilegiado. Porque
ser sabio no es “saber mucho” sino aplicar ese conocimiento para decidir
correctamente. Por ejemplo, todos sabemos las propiedades del fuego, tenemos
conocimiento sobre su capacidad de calentar y alumbrar, pero ese conocimiento
no nos hace sabios. Lo que realmente nos hace personas sabias es tomar buenas
decisiones para utilizarlo de la forma correcta al ponerlo sobre una mesa para
que ilumine el lugar, o bien, usarlo en la medida exacta para cocinar o brindar
calor. El Señor espera que seamos sabios y lo demostremos al tomar buenas
decisiones en todo momento. Así que ser sabio significa tener la habilidad que
se necesita en el momento adecuado, ya sea para administrar, construir o pelear
la batalla.
Indispensable para ser
Sus discípulos
En Lucas 14:25-33, Jesús
nos da la clave para ser Sus discípulos:
Grandes multitudes iban con
él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y
madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida,
no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no
puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre,
no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para
acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla,
todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre
comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra
contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con
diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el
otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.
Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede
ser mi discípulo.
Para
comprender esta Escritura a plenitud, debemos analizar varios puntos. Lo
primero es interpretar correctamente lo que intenta decir respecto a aborrecer
incluso nuestra propia vida y a nuestra familia para ser Sus discípulos.
Realmente, lo que Jesús pide es que le amemos a Él antes que a alguien más.
Claro que debemos amarnos, además de amar y honrar a nuestros padres, de hecho,
hay promesa de bendición para quien lo haga, pero el amor a Dios debe ser tan
grande que el sentimiento por los demás podría parecer aborrecimiento. Eso es
lo que nos pide para ser Sus discípulos.
Además de ser capaces de tomar “nuestra cruz”,
es decir, ser valientes y asumir nuestras responsabilidades.
Su Palabra
es hermosa porque desafía nuestro discernimiento, nos reta a ser sabios y nos
cautiva para que la leamos una y otra vez, hasta que Su presencia invada
nuestras vidas. Él espera que demostremos sabiduría al planificar nuestras
acciones, por eso habla de calcular antes de construir y pensar en la
estrategia antes de la batalla, para evitar la burla de otros. Porque quien no
calcula y planifica demuestra que lo único que posee es necedad. Jesús dice que
solo quienes renuncien a la necedad e insensatez que tienen, y demuestren ser
sabios, podrán ser Sus discípulos.
Nuestra fe
y sabiduría debe reflejarse en los resultados que obtenemos en la vida. Podrán
burlarse porque creemos en milagros y prodigios, pero no de los logros que
alcanzamos, producto de la sabiduría que obtenemos del Señor.
En otras
palabras, es como si Jesús dijera: “No podrá ser Mi discípulo aquel que no
acepte dejar la necedad. Quien quiere ser Mi discípulo debe tener sabiduría
para calcular y planificar”. Creemos que podemos ser necios y ser Sus
discípulos, pero no es así. Y la sabiduría es la única que elimina la necedad.
De la misma forma que en nuestro cuerpo, el músculo es lo único que elimina la
grasa, por lo que debemos hacer ejercicio para adelgazar. Si quieres ser
discípulo del Señor, debes buscar sabiduría para tomar buenas decisiones.
La Biblia
dice que la necedad viene atada al corazón del muchacho, lo que significa que
la sabiduría se adquiere con el tiempo y es producto del aprendizaje. Eso es
evidente con los niños a quienes hay que corregir para que aprendan. Por
ejemplo, si le dices a un niño que no coma tierra, deberás decirle “no” y
corregirlo para que comprenda el mensaje, de lo contrario, insistirá en
hacerlo. Esto es así porque ellos aprenden a través de sus sentidos y necesitan
experimentar. Poco a poco adquieren entendimiento al conectar la corrección con
el consejo que le damos. Si no recibe corrección, crecerá necio, aprendiendo
solamente al experimentar y sufrirá mucho porque necesitará vivir las
consecuencias para saber lo que es bueno y malo. Así que corrige juiciosamente
a tus hijos para ayudarlos a crecer en sabiduría.
Insisto en enfatizar que
sabiduría no es “lo que sabemos”, sino “lo que hacemos con lo que sabemos”.
Sabiduría es aplicar correctamente el conocimiento que poseo. De nada sirve
tener mucho conocimiento si no lo pongo en práctica para beneficiar a quienes
nos rodean.
El balance
justo
Hechos 6:3 aconseja:
Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete
varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes
encarguemos de este trabajo.
Las
personas que sirven al Señor deben ser sabias y llenas del Espíritu Santo. En
el ministerio debe haber unción y milagros, pero también sabiduría para
administrarlos.
Hechos 6:8-10 relata:
Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía
grandes prodigios y señales entre el pueblo. Entonces se levantaron unos de la
sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia
y de Asia, disputando con Esteban. Pero no podían resistir a la sabiduría y al
Espíritu con que hablaba.
En este
pasaje vemos que Esteban, enviado a evangelizar, tenía sabiduría y al Espíritu,
por eso no podían contra él. La sabiduría nos es demandada en todo momento.
En Apocalipsis dice que el Señor es digno de tomar el poder, el reino, las
riquezas y la sabiduría. Así que Él exigirá los frutos que hayamos producido en
esta tierra, le pertenecen porque nos ha dado todo para que los produzcamos.
Aprovecha sabiamente los dones que has recibido porque deberás entregar cuentas
al Señor de lo que has hecho con ellos.
Crecer en
sabiduría
Lucas 2:40 dice sobre Jesús:
Y el niño
crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era
sobre él.
Luego, Lucas 2:52 continúa diciendo:
Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en
gracia para con Dios y los hombres.
Debemos
fortalecernos en cuerpo y en espíritu, tal como Jesús lo hizo desde niño.
Además, debemos aprender y crecer en sabiduría. Nuestro Señor habló con los
sabios a los doce años, no nació sabio, sino que adquirió sabiduría para la
vida que le esperaba. Escuchamos decir que la sabiduría viene con los años y es
cierto, aunque no necesariamente las personas de edad avanzada son sabios. No
esperes a ser anciano para ser sabio, no sabemos cuánto viviremos así que debes
ser sabio ¡ahora! La vida demanda sabiduría en todo tiempo y edad. Cuando
tienes 25 años debes ser sabio y decidir si ya estás dispuesto a trabajar,
dejar de comer, incluso morir para que alguien más sea feliz, de ser así, ya
estás listo para casarte, de lo contrario, te hace falta adquirir más
sabiduría. A veces crecemos en edad pero no en sabiduría y nos encontramos sin
balance, con un saldo negativo que debemos equilibrar. Nuestra vida continúa,
el tiempo no se detiene, cada día somos un poco más viejos, así que debemos
dedicarnos a crecer en sabiduría.
Capacidad para escoger
lo correcto
Isaías 7:14-15 nos
explica que las experiencias adquiridas ayudan a adquirir sabiduría:
Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He
aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre
Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger
lo bueno.
La Palabra
profetizaba que Jesús crecería en sabiduría, porque aprendería a escoger lo
bueno y a desechar lo malo. Sabiduría es elegir lo correcto. No es
solamente saber algo, sino hacer algo, hacer lo bueno, según lo que sabemos. Si
sabemos que la grasa es dañina, lo natural es que la desechemos, pero como es
agradable al paladar, nos dejamos llevar por nuestros sentidos y escogemos lo
malo, aunque sabemos que nos hará daño. Sabemos que leer es un buen hábito,
pero no lo hacemos porque requiere concentración y cierto esfuerzo. Tendemos a
sustituir lo bueno por lo agradable o placentero. ¡Eso es necedad! Aprende a
ser sabio y a escoger siempre lo bueno, lo santo y lo correcto.
Colosenses 2:3-4 dice
sobre Jesús:
… en quien están escondidos todos los tesoros
de la sabiduría y del conocimiento. Y esto lo digo para que nadie os engañe con
palabras persuasivas.
Los tesoros
de la sabiduría están en Jesús, el único por quien debemos dejarnos persuadir.
La necedad crece cuando nos negamos a hacer lo correcto, por el contrario, la
sabiduría crece cuando sometemos nuestra voluntad y hacemos lo correcto. La
sabiduría cultiva sabiduría, esta es la expresión más alta de la inteligencia
del ser humano. Preocúpate por adquirir sabiduría todos los días a través de la
experiencia. Esa es la única forma de combatir la necedad.
Nuestra
mente está capacitada para aprender de los errores y almacenar la información
para futuras decisiones. Por eso debemos procurar sabiduría desde jóvenes
porque el cerebro humano, con los años, va perdiendo esa capacidad de registrar
las experiencias en la memoria. La vejez debe ser la mejor época de tu vida
porque te has preparado para ella, trabajando y cuidando tu salud desde
temprana edad. La Palabra dice que Dios tiene en una mano riquezas para el
justo y en la otra, largura de días. Eso significa que Él desea que tengamos
una vejez cómoda y bendecida, fruto de la sabiduría que adquirimos y aplicamos
en nuestra vida.
Antes de
tomar una decisión, evalúa si te hará más necio o más sabio. Pídele al Señor
que te ayude a crecer en Su sabiduría para afrontar la vida con buen juicio.
Prométele que tomarás las decisiones que te hagan sabio y desecharás lo que te
conduzca a la necedad, porque anhelas ser Su discípulo amado y vivir
disfrutando de Sus bendiciones.
1 Lucas 14:25-27: Jesús nos da la clave para
ser Sus discípulos: Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si
alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y
hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.
Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo
2 Luca 14:28-32: Porque ¿quién de vosotros,
queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver
si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el
cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de
él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al
marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede
hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede,
cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones
de paz.
3 En Lucas 14:33: Así, pues, cualquiera de
vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
4 Hechos 6:3 aconseja: Buscad, pues, hermanos,
de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo
y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.
5 Lucas 2:40 dice sobre Jesús: Y el niño crecía
y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
Luego,
Lucas 2:52 continúa diciendo: Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en
gracia para con Dios y los hombres.
6 Isaías 7:14-15 nos explica que las
experiencias adquiridas ayudan a adquirir sabiduría: Por tanto, el Señor mismo
os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará
su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y
escoger lo bueno.
7 Colosenses 2:3-4 dice sobre Jesús: en quien
están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Y esto
lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas.
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